viernes, 22 de febrero de 2013

Estaba vivo...

Caí ardiendo en el fuego candente, hundiéndome en las profundidades del abismo.

Un dolor indescriptible, una agonía incesante. El tiempo se había detenido.

Solo quedaba la tortura, y un odio enfermizo hacia la hipocresía que me condenaba a este infierno.

Transcurrió una eternidad, y mi tormento amainó, rescatándome del precipicio de la locura.

La caída me había destruido, pero...estaba vivo...


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